jueves, 11 de septiembre de 2014

Aportes para el País deseado (#1.)



Por Bruno Pedro De Alto
Dos conceptos y un enlace.

Nuestras discusiones sobre qué país queremos, pocas veces ahondan sobre el sistema de generación de riqueza necesario para sostener ese país deseado. Por lo tanto, dichos deseos de país anhelado no pueden concretarse. No resulta muy serio afirmar que hay “distribuir mejor para seguir creciendo”, en un Proyecto Nacional, crecimiento y distribución son procesos simultáneos y virtuosos. Es evidente que Argentina ha estado creciendo a partir del denominado Modelo de Desarrollo con Inclusión, pero no logra romper algunas barreras de origen estructural pues se crece en base a una económica concentrada que tiene control sobre el nivel de precios y salarios; con fragmentación y desarticulación de la estructura industrial que no permite crear empleos en cantidad y calidad acordes a las expectativas que genera el mismo Modelo: pareciera que la inclusión no trae necesariamente igualdad. Hay que decir que si no se producen cambios estructurales, corremos el riesgo de sostener una pobreza con contención pero sin futuro de ascenso social en el mejor de los casos. Sin cambios estructurales, la sartén la siguen teniendo por fuera del Proyecto Nacional.


Con Proyecto Nacional estoy resumiendo dos conceptos y un enlace. El primer concepto ordenador es el de inclusión: es decir la preeminencia de los derechos de los habitantes de un país y la distribución de la riqueza de manera equitativa entre ellos; y el segundo concepto ordenador es la planificación, el desarrollo y control nacional de los recursos productivos, en una magnitud que cubra y supere les expectativas y necesidades de dicha inclusión.

El enlace es la política. Lo que hace que exista una correspondencia y una interacción positiva entre ambos conceptos. La política detecta las necesidades de la sociedad, las comprende y le da entidad de derechos a su solución y pone en marcha un formidable conjunto de dispositivos legales, culturales, administrativos y organizacionales, y económicos para que esos derechos sean universales y sustentables. La política, celosa de esa universalidad y sustentabilidad, necesita de recursos económicos fiables al Proyecto. Necesita de un sistema productivo gobernable y capaz de esa fiabilidad. Evidentemente, como este Proyecto nace y vuelve haciendo centro en los derechos del conjunto de habitantes de un país, es entonces un Proyecto Nacional.

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